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Cómo el tenis femenil está haciendo historia en los derechos humanos

La historia de la tenista china Peng Shuai y la decisión de la WTA (Asociación de Tenis Femenino) de suspender todos los torneos de la organización en China ha sorprendido al mundo deportivo porque impacta en uno de los mercados más codiciados por cualquier deporte mundial.

Todo comenzó a principios de noviembre cuando Peng acusó a Zhang Gaoli, ex viceprimer ministro, de abuso sexual. Esta situación llevó a que la tenista desapareciera del radar y provocó un movimiento en redes sociales por parte de sus compañeras, quienes a través del hashtag #WherelsPengShuai solicitaban se respetara la libertad de la tenista y se tomaran acciones ante las acusaciones.

Los pedimentos generaron presión y el pasado 21 de noviembre el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, informó que habían sostenido una primera videollamada con la tenista china y podían afirmar que ella se encontraba “bien y relajada”, sin rastro de que estuviera en confinamiento. El mismo COI confirmó que había sostenido una segunda llamada confirmando el correcto estado de salud de la tenista. 

Pero esto no convenció a Steven Simon, presidente de la WTA, quien el miércoles tomó la decisión de suspender los torneos en China y Hong Kong, aproximadamente 10 por año, señalando que sería incongruente realizarlos ante la situación que vive Peng.

«En conciencia, no veo cómo puedo pedir a nuestras atletas competir ahí cuando a Peng Shuai no se le permite comunicarse libremente y aparentemente ha sido presionada para contradecir su acusación de agresión sexual».

“Con el estado actual de las cosas estoy preocupado por los riesgos que todas nuestras jugadoras y personal podrían enfrentar si realizamos eventos en China en 2022”.

La decisión va en contra de otras organizaciones que, ante reclamos hechos por asociaciones de derechos humanos, han decidido seguir adelante con eventos en países donde se ponen en duda las libertades.

China, un mercado millonario

Los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 fueron el momento culminante para exponer al deporte chino ante el mundo y ascender al top tres del medallero de forma constante desplazando a potencias como Rusia o Alemania.

Pero incluso antes de esto había ligas que veían el importante potencial de ese país asiático en términos deportivos y económicos.

Con miles de millones de habitantes y una economía en crecimiento que fomentaba una clase media de mayor número, la NBA fue una de las que mejor ha sabido capitalizar la importancia del mercado.

Se estimaba hasta 2019 que NBA China, un negocio separado de NBA pero brazo armado de la compañía de baloncesto para ese mercado, tenía un valor de cinco mil millones de dólares, mientras que cada año los negocios de la liga más importante de baloncesto con ese país superaban los 500 millones de dólares según información de USA Today.

El futbol también ha sacado su tajada con cifras que harían a cualquier pensar dos veces en cortar relaciones con ese mercado. La compañía Tencent firmó un acuerdo de tres años por 700 millones de dólares para hacerse con los derechos de la Premier League por tres años, mientras que la liga española recibe 100 millones anuales de ese mercado por el mismo concepto.

La propia WTA ha visto un importante incremento de dinero con su presencia en China. Cuando la localidad de Shenzhen comenzó a albergar las finales, la bolsa de premios económicos creció al doble, quedando en 14 millones de dólares, 11 millones más de lo que Guadalajara entregó en la edición de 2021 que lograron ante las dificultades por la pandemia por COVID-19.

La organización de tenis femenil podría encontrar sede para los 10 torneos que no se jugarían en China en 2022, pero esto tendrá un costo en sus arcas, porque los patrocinadores, derechos de televisión, boletaje y premios se dividen en un porcentaje que también ingresan a la organización de tenis femenil.

El dinero manda

Cuando la pandemia por COVID19 obligó a cancelar diversos eventos deportivos en marzo de 2020, la Fórmula 1 se aprestaba a iniciar su temporada en Australia ante cuestionamientos de que la decisión era incorrecta. En aquel entonces el piloto británico Lewis Hamilton, siete veces campeón de la categoría, señaló que estaban ahí porque “el dinero manda”.

La carrera no se celebró cuando algunos integrantes de uno de los equipos dio positivo por COVID19. Fue en ese momento cuando el evento resultó insostenible y el momento de cancelar.

Esa no era la primera vez que las decisiones de una organización deportiva se ponían en juicio ya sea por temas sanitarios, de derechos humanos o incluso de sobornos para obtener una sede. Por eso, la decisión de la WTA resulta más histórica.

Los gobiernos de los países árabes se encuentra en los últimos años en el escrutinio público al arropar diversos eventos deportivos de alta envergadura que, según organizaciones de derechos humanos son una forma de limpiar su imagen ante las acusaciones de violación de derechos humanos, algo que cada país y organizador ha negado.

La Copa del Mundo de Qatar 2022 ha sufrido el mayor control desde que se le otorgó la sede, primero por las acusaciones de corrupción para obtener el evento, y después, por reportes de Amnistía Internacional donde señalan que trabajadores inmigrantes en los escenarios de la próxima competencia sufren de explotación laboral como elevadas comisiones de contratación (con créditos de hasta 4,000 dólares para trabajar en ese país), retraso en el pago de salarios, condiciones de vida por debajo de las normas, así como amenazas.

El evento en Qatar se espera genere miles de millones de dólares para la FIFA (Federación Internacional de Futbol Asociación) que ante el temor por la pandemia y un posible retraso aseguró su máxima justa deportiva con una póliza de casi 900 millones de dólares.

Las competencias en esa zona reditúan enormemente en los ingresos de los eventos deportivos. Por ejemplo, la Fórmula 1 firmó en recientes temporadas un acuerdo con la compañía petrolera saudí Aramco por 40 millones de dólares anuales y en 2021 amplió su presencia con cuatro carreras en esa zona (Arabia Saudí, Qatar, Bahréin y Emiratos Árabes Unidos), todas ellas con acuerdos millonarios multianuales.

Los deportes de contacto también han visto su ampliación al mercado árabe con empresas como UFC llevando eventos a los Emiratos, o el recordado segundo capítulo en el boxeo entre Andy Ruiz y Anthony Joshua en Diriyah.

Todos esos eventos han sido criticados en mayor o menor medida por celebrarse en naciones donde existen acusaciones de violación de derechos humanos.

Si bien algunos deportistas han tenido gestos de solidaridad individuales ante la posible violación de derechos humanos, como el casco con la bandera del arcoíris utilizado por Lewis Hamilton en Qatar para apoyar a la comunidad LGBT+, lo hecho por la WTA marca un hecho sin precedentes en la época actual.

GCYT/RJMR

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